Tras un año marcado por la incertidumbre, el temor, los cambios y los múltiples desafíos que ha traído la actual pandemia del coronavirus Covid-19, es totalmente esperable que a estas alturas el agotamiento mental comience a manifestarse de una manera más explícita, impulsiva e intensa, sobre todo en niños y niñas.

 

Esta crisis sanitaria sin precedentes, a la cual hemos tenido que adaptarnos casi de forma instintiva, ha tenido un potente impacto tanto a nivel físico (distanciamiento, confinamiento, nuevas rutinas de higiene, restricciones, etc.) como psicológico en todas las personas.

 

Específicamente en los niñ​@​s ha aumentado notoriamente la reactividad. Se observan más sensibles, irritables y con una menor tolerancia a la frustración. Además, la demanda de atención hacia los adultos, en especial a los padres, ha incrementado en gran medida y han aparecido conductas regresivas, dificultades para conciliar el sueño, desmotivación escolar, problemas de concentración y una mayor actividad psicomotora (inquietud e hiperactividad).

 

Frente a este complejo escenario, en el que la salud mental de nuestros hijos/as se está viendo amenazada, es fundamental que como padres y figuras más significativas ejerzamos una parentalidad asertiva en la que posicionemos sus necesidades emocionales como prioridad, y podamos así, velar por su bienestar y crecimiento saludable.

 

Teniendo en cuenta que ser padres no es una tarea sencilla y menos en estos tiempos, les entregamos recomendaciones para abordar las alteraciones socioemocionales que han experimentado nuestros niñ​@s como consecuencia de esta crisis, con el objetivo de evitar que se agraven y/o generen conflictos en el contexto familiar.

 

  • Es importante comprender que para cuidar adecuadamente a nuestro hijos/as en todas sus dimensiones (física, social, cognitiva, afectiva, etc.) debemos cuidarnos a nosotros mismos primero. Si bien los tiempos libres en ocasiones son bastante limitados, intenten realizar actividades personales o en pareja que les permitan disfrutar, descansar y obtener satisfacción. Aumentará su energía, focalización y productividad, por lo que podrán responder de una mejor manera a los distintos requerimientos que se vayan presentando en función de la crianza.

 

  • Luego de que hayamos incorporado a nuestra cotidianidad el autocuidado y que nos encontremos más conectados con nosotros mismos, es momento de prestar atención a nuestros hijos/as, ¿qué les está pasando?, ¿qué es lo que realmente necesitan?, ¿cómo los ayudo? Para comenzar a responder estas preguntas debemos instaurar la comunicación como una vía segura a través de la cual los niñ@s puedan expresarse libremente y recibir una retroalimentación de nuestra parte, ya sea verbal, corporal (ej.: abrazo, cariño) o de ambas formas.
  • Esta instancia de diálogo debe estar siempre acompañada por una escucha activa sin juicios, por una actitud contenedora y por la validación total de sus emociones: “entiendo que estés enojado/triste/cansado”, “este año no ha sido fácil y lo has hecho muy bien”, “sé que extrañas el colegio y a tus [email protected]”, “a mí también me han costado todos estos cambios y quiero que el virus se vaya pronto”.

 

Cabe señalar que los niñ@s se encuentran en pleno proceso de desarrollo, por lo que muchas veces no pueden -no es que no quieran- transmitir sus necesidades emocionales de forma regulada y tranquila. Por lo mismo es que en ocasiones utilizan otros medios para hacerlo, como son los berrinches, el movimiento excesivo o algunas conductas de carácter más agresivo, entre otras.

 

Estas demandas también se pueden manifestar en actitudes desobedientes, aislamiento, dispersión, etc. En todos los casos lo que debemos tener en claro y jamás olvidar es que los menores no tienen una intención maligna o se comportan así para perjudicarnos, sino que detrás de esa conducta hay un mensaje, un intento de decirnos algo y una solicitud de apoyo y orientación por nuestra parte.

 

  • Como adultos responsables debemos acompañar y guiar a nuestros hijos/as respecto a la identificación y comprensión de lo que les está pasando y de lo que están sintiendo, para posteriormente ofrecerles respuestas honestas y soluciones. Para lograr esto es fundamental mostrarnos disponibles, pacientes y respetuosos, sin utilizar bajo ninguna circunstancia golpes, castigos, gritos y/o amenazas, ya que esas prácticas además de generarles un daño profundo en su autoconcepto y autoestima, no harán más que intensificar las conductas problemáticas e interferir negativamente en el vínculo.

 

  • Una manera bastante efectiva para acercarnos a nuestros niñ@s y poder entonces ayudarlos a transitar por este vaivén de cambios y adaptaciones, es el juego. Destinen al menos 15 minutos al día -sin ningún elemento distractor cerca- para interactuar con su [email protected] de una forma lúdica y dinámica, es decir, utilizando su propio lenguaje e intereses. Así se fortalecerá la relación entre padres e [email protected] y permitirá crear una atmósfera cálida y de confianza, que dará lugar a una comunicación fluida y basada en el amor. Este tipo de instancia también pueden tenerse en familia, utilizando juegos de mesa o realizando actividades entretenidas en conjunto (manualidades, crear obras de teatro, cocinar, etc.).

 

  • Por último, es muy importante promover la actividad física en los niñ@s y hacer lo posible para que mantengan una adecuada alimentación e higiene del sueño. Sumado a esto, incorporar pausas entre las actividades que tengan que realizar (o cada vez que la necesiten ya que éstas pueden ser breves), será muy beneficioso, además de otorgarles fuentes de calma/relajación y de fomentar los espacios de distención.

 

 

 

Josefina Paz Carvallo

psicóloga Infanto-Juvenil

Equipo Psiquiatras Online

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