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¿Qué es la neurodivergencia y cómo afecta el cerebro de las personas?

Ps. Karina Ventura
Revisado por Psicología Clínica

“Neurodivergencia” no es exactamente una categoría clínica sino principalmente un término
paraguas para describir diferencias respecto de formas neurotípicas de funcionamiento; no corresponde a una categoría diagnóstica única.


La neurodivergencia se refiere a formas de funcionamiento cerebral que se alejan de lo considerado
neurotípico. Dentro de la conversación sobre neurodiversidad suelen incluirse diferentes perfiles
neurocognitivos, como el TDAH, el autismo, la dislexia y, en algunos marcos, las altas capacidades y otras diferencias del neurodesarrollo que afectan cómo percibimos y experimentamos el mundo.


Las neurociencias han mostrado que estas diferencias se relacionan con la manera en que distintas redes cerebrales se desarrollan y funcionan, lo que puede influir en las funciones ejecutivas que son un conjunto de habilidades cognitivas que nos permiten organizar, regular y dirigir nuestra conducta para alcanzar objetivos. Funcionan como una especie de “sistema de gestión” del cerebro. También existen variaciones en el procesamiento sensorial, la regulación emocional y la comunicación. Sin embargo, no existe un único “cerebro neurodivergente”: cada persona presenta un perfil particular, con distintas fortalezas, desafíos y necesidades. Existen por ejemplo la doble excepcionalidad donde hay altas capacidades junto con otra neurodivergencia como TDAH.


Las personas, además, no funcionan de manera aislada. Se desarrollan y se regulan en permanente interacción con el entorno y con otras personas. Por eso, la experiencia de la neurodivergencia también está profundamente influida por la historia relacional de cada persona: cómo fue comprendida, acompañada y validada, y cuánto tuvo que adaptarse a expectativas de parecer neurotípicos. El masking o enmascaramiento puede implicar un esfuerzo sostenido por ocultar o compensar características neurodivergentes y se ha asociado con agotamiento, estrés y dificultades de salud mental.


Así, una misma característica neurodivergente puede generar dificultades importantes en determinados
contextos y convertirse en una fortaleza en otros. Comprender la neurodivergencia implica integrar cerebro, experiencia y vínculos, en lugar de reducir a la persona a un diagnóstico.


¿Es una enfermedad o condición?


La neurodivergencia no es, en sí misma, una enfermedad. Es una manera de describir la diversidad en el
funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso.


Algunas formas de neurodivergencia corresponden clínicamente a condiciones del neurodesarrollo que
pueden requerir diagnóstico y apoyos, especialmente cuando las características de la persona generan un impacto significativo en el funcionamiento en su vida cotidiana. Pero tener un cerebro diferente no significa necesariamente estar enfermo.


Una distinción útil que neurodivergencia: describe una diferencia en el funcionamiento neurológico
mientras que condición del neurodesarrollo: es una categoría clínica utilizada para algunas de estas
diferencias, como el TDAH o el autismo pero enfermedad: generalmente implica un proceso patológico que altera el funcionamiento del organismo y que se considera algo que debe ser tratado o curado.


Existe también lo que se llama coocurrencia: dos o más condiciones presentes simultáneamente o
comorbilidad: término utilizado habitualmente en medicina para referirse a condiciones que coexisten con una condición principal.


Por ejemplo, una persona neurodivergente puede presentar además otras condiciones del neurodesarrollo, de salud mental o médicas. Por ejemplo, una persona autista puede presentar simultáneamente TDAH, ansiedad, depresión, TOC, alteraciones del sueño o epilepsia. También pueden existir diferencias o dificultades en el procesamiento sensorial, sin que estas constituyan necesariamente un diagnóstico independiente.


La neurodivergencia no es sinónimo de enfermedad, pero puede coexistir con condiciones médicas y de salud mental, y estas coocurrencias pueden estar influidas tanto por factores neurobiológicos como por la interacción entre la persona y su entorno.


Es importante distinguir entre la diferencia neurobiológica y el sufrimiento que puede aparecer de la
interacción con un entorno neurotípico. Una persona puede experimentar dificultades no solo por sus
características individuales, sino porque se encuentra en contextos que no consideran sus necesidades o porque durante años ha debido esforzarse por ocultar o compensar aspectos de su funcionamiento.


También es relevante considerar cómo las experiencias de incomprensión, rechazo o exigencia constante pueden influir en la autoestima, la regulación emocional y la manera en que una persona se relaciona consigo misma y con los demás. Para muchas personas, una parte importante del sufrimiento no proviene de la neurodivergencia en sí misma, sino de años de incomprensión, rechazo, exigencia de adaptación o falta de apoyos adecuados.


Por eso, el objetivo no debería ser “normalizar” a la persona, sino tener una visión afirmativa de la
neurodiversidad, comprender su funcionamiento y generar las condiciones y apoyos que le permitan
desenvolverse de manera más amable, integrativa y auténtica.


¿Cuáles son los principales tipos?


No existe una única clasificación de la neurodivergencia, ya que el término abarca diferentes condiciones y perfiles de funcionamiento. Entre las más conocidas se encuentran el TDAH (trastorno por déficit de
atención e hiperactividad), el autismo, la dislexia, la dispraxia y algunos trastornos específicos del aprendizaje, entre otras condiciones del neurodesarrollo.


Es importante comprender que estas categorías son herramientas clínicas para organizar y comprender
determinados patrones de funcionamiento, pero no describen completamente a una persona. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden presentar necesidades, fortalezas y experiencias completamente diferentes.


Además, es frecuente que exista coocurrencia entre diferentes condiciones. Por ejemplo, una persona puede presentar características de TDAH y autismo, junto con dificultades específicas de aprendizaje o diferencias en el procesamiento sensorial.


Por eso, más que pensar en categorías rígidas, resulta útil comprender la neurodivergencia como un un amplio espectro de perfiles neurocognitivos, con diferentes combinaciones de fortalezas, dificultades y necesidades deapoyo, considerando tanto las características individuales como la historia de desarrollo y el contexto relacional en el que la persona se desenvuelve.


¿Qué tipos de síntomas tienen y cómo se diagnostica?


Más que síntomas, se habla de “características”, “rasgos”, “manifestaciones” o “formas de funcionamiento”,. Éstos, en una condición neurodivergente varían considerablemente según la persona. Pueden incluir dificultades para regular la atención, organizar tareas, manejar el tiempo, iniciar o terminar actividades, procesar determinados estímulos sensoriales, comprender ciertas claves sociales, regular las emociones o adaptarse a cambios inesperados. También pueden existir hiperfocos, intereses intensos, gran creatividad, pensamiento divergente, memoria, facilidad y disfrute en el reconocimiento de patrones o una sensibilidad particular, entre otras características que no necesariamente constituyen dificultades sino que con autocuidado correcto pueden ser tremendas fortalezas.

El diagnóstico no se realiza a partir de un solo síntoma o test. Requiere una evaluación clínica integral, que considere la historia del desarrollo, el funcionamiento actual, el contexto familiar, académico o laboral y el impacto que estas características tienen en la vida de la persona. Dependiendo de la condición, pueden utilizarse entrevistas clínicas, cuestionarios y evaluaciones neuropsicológicas u otros instrumentos específicos. En el caso del autismo pueden utilizarse instrumentos específicos, como el ADOS-2, que aportan información relevante a la evaluación, pero no sustituyen el juicio clínico ni deben utilizarse de manera aislada para establecer un diagnóstico sino que complementan un diagnóstico pero finalmente, éste debe realizarse mediante una evaluación clínica integral por profesionales capacitados, pudiendo involucrar a psicólogos, psiquiatras, neurólogos y otros profesionales de acuerdo con la condición y las necesidades de la persona. En algunos casos se requiere además evaluación médica para realizar el diagnóstico diferencial, identificar condiciones coexistentes y determinar si existe indicación de tratamiento farmacológico.


Una mirada integral también considera que algunos rasgos pueden haber sido compensados o enmascarados durante años, especialmente en personas que han aprendido a adaptarse intensamente a las expectativas sociales y en personas que han aprendido desde temprana edad a compensar sus dificultades. Por eso, comprender la historia de la persona es tan importante como identificar sus características actuales. También está la diferencia por género, donde los comportamientos neurodivergentes pueden ser normalizados como la timidez, retraimiento, hiperactividad mental entre otros.


El diagnóstico puede ser una herramienta útil cuando permite comprender la propia experiencia, acceder a apoyos adecuados y disminuir la culpa o la sensación de “ser diferente por no esforzarse lo suficiente”. No debería convertirse en una etiqueta que limite la identidad de la persona.


¿Cuál o cuáles son los principales tratamientos?


No existe un único tratamiento para la neurodivergencia, porque no existe una única forma de ser
neurodivergente
. Las intervenciones deben ajustarse al perfil, las necesidades y los objetivos de cada
persona.


Dependiendo de la condición y de los desafíos presentes, pueden incluir psicoterapia, psicoeducación,
intervenciones para desarrollar estrategias de funciones ejecutivas, terapia ocupacional, apoyo
fonoaudiológico, intervenciones educativas y, cuando corresponde, tratamiento farmacológico indicado y supervisado por un médico.


La psicoterapia puede ser especialmente útil para comprender cómo las características neurodivergentes interactúan con la historia personal y relacional. Muchas personas llegan a terapia después de años de sentirse “demasiado”, “poco” o “diferentes”, de esforzarse por encajar o de interpretar sus dificultades como fallas personales. Trabajar estas experiencias puede favorecer una relación más comprensiva y autocompasiva consigo mismo y con los demás.


El objetivo del tratamiento no es eliminar la neurodivergencia ni hacer que la persona se ajuste a un
funcionamiento neurotípico.. Es reducir el sufrimiento, aumentar los recursos disponibles, adaptar el
entorno cuando sea necesario y favorecer una vida que sea sostenible y satisfactoria para esa
persona.


¿Cuáles son los principales consejos (o estrategias) para enfrentarlos en el entorno
familiar y social?


Una de las estrategias más importantes es reemplazar la exigencia de adaptación unilateral por una
comprensión compartida. En lugar de preguntarnos solamente “¿cómo hacemos para que esta persona se adapte?”, también podemos preguntarnos “¿qué podemos modificar en el entorno para que pueda
desenvolverse mejor?”.


En el ámbito familiar puede ser útil aprender sobre el perfil neurodivergente de la persona, identificar qué
situaciones generan sobrecarga o sobreestimulación sensorial, establecer rutinas y anticipar cambios cuando sea posible. También es importante comunicarse de manera clara y evitar interpretar automáticamente una dificultad de regulación, atención o procesamiento como falta de voluntad, indiferencia o mala conducta, sino desde la curiosidad y la empatía de entender qué necesidades no satisfechas pueda tener la persona en ese momento.


En las relaciones sociales, ayuda a respetar las diferencias en comunicación, procesamiento sensorial,
necesidad de descanso, recarga de batería social, necesidad de interacción y expresión emocional. La persona no debería tener que enmascarar permanentemente su forma de ser para acomodar al resto.


También es fundamental reconocer las fortalezas y no centrar toda la conversación en las dificultades. Un entorno que valida, ofrece apoyos adecuados y permite pedir ayuda puede tener un impacto significativo en la regulación emocional y en el bienestar.


Finalmente, comprender la neurodivergencia implica sostener una mirada flexible: no se trata de bajar todas las expectativas, sino de encontrar formas más adecuadas de acompañar a cada persona. Cuando cerebro, vínculos y entorno pueden trabajar en mayor sintonía, disminuye el sufrimiento y aumentan las posibilidades de autonomía, conexión y bienestar.

Karina Ventura Zabelinski
Psicóloga Clínica


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