Como lo señala la propia raíz de la palabra, un trauma es una especie de “herida psicológica”, que impacta de forma violenta en nuestra personalidad, nuestra conducta o la estabilidad de nuestras vidas. La dimensión de un trauma psíquico está mucho más determinada por la forma como las personas internamente experimentan e incorporan un episodio traumático, más que por la gravedad del mismo.

Sensaciones como temor, ansiedad, ira, culpa o depresión, son reacciones frecuentes y esperables ante una experiencia traumática. Es NORMAL presentar conductas relacionadas con estas emociones negativas tras un hecho traumático, y tener pensamientos y recuerdos recurrentes en torno al trauma, a veces difíciles de controlar, pero las personas son capaces de funcionar en su vida diaria tanto en su trabajo, vida familiar y social.

La prevalencia del Trastorno de estrés postraumático (abreviado con las siglas TEPT o su equivalente en inglés PTSD) varía entre un 1% a un 3%, aunque se asume que existe una cantidad mucho mayor de casos no tratados clínicamente. También sabemos que el trastorno de estrés postraumático afecta sobre todo a mujeres y adultos jóvenes, personas en situación de aislamiento y bajo nivel socioeconómico.

Los síntomas del trastorno de estrés postraumático por lo general se agrupan en cuatro tipos: recuerdos intrusivos, evasión, cambios en el pensamiento y en los estados de ánimo, y cambios en las reacciones físicas y emocionales. Los síntomas pueden variar con el paso del tiempo o según la persona.

Una persona que padece de trastorno de estrés postraumático no es capaz de procesar racionalmente la experiencia del trauma, ante lo cual la mente se ve atrapada entre dos movimientos contradictorios, que se traducen en períodos oscilantes de reconocimiento y bloqueo del hecho traumático: por una parte, la persona vuelve a revivir en forma recurrente el episodio traumático en forma de pesadillas o flash-backs es decir, vívidos recuerdos del trauma, muchas veces inexactos o modificados. Por otra parte, existen “patrones de evitación”, que se traducen en evitar situaciones o estímulos que recuerden a la experiencia traumática. Los cambios en el pensamiento y en los estados de ánimo se pueden vivenciar como síntomas de angustia grave, síntomas depresivos, desesperanza. Las reacciones físicas y emocionales pueden vivenciarse como asombro constante o facilidad para asustarse, como estar siempre alerto al peligro.

Si estos síntomas empeoran, duran meses o incluso años, e interfieren en las actividades de la vida diaria es posible que tengas trastorno de estrés postraumático

Este trastorno puede presentarse en un período que puede variar desde un mes hasta incluso décadas.

Debes consultar al médico psiquiatra si tienes sentimientos o pensamientos perturbadores acerca de una situación traumática durante más de un mes o si sientes que no puedes retomar el control de tu vida. Conseguir un tratamiento lo antes posible puede evitar que los síntomas del estrés post traumático empeoren.

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